O TEMPORA, O MORES

Qué tiempos aquellos! Todos recordamos las interminables listas de demandantes de empleo que hasta hace poco existían en el Principado, y que hacían que para muchos profesionales, fuera harto difícil conseguir trabajar unos pocos días al mes. En los Centros de Atención Primaria, con plantillas no tan envejecidas como ahora, y con un régimen de permisos y descansos distinto del actual, conseguir sustitutos para las ausencias de los facultativos era una aparente misión imposible. La tasa de sustituciones hace unos 10 años, andaba en torno al 30 % anual. Era una época -de teóricamente vacas gordas- en la que las excusas por parte de los gestores era el tan manido “no hay dinero”. De aquella época hemos pasado a una tasa de sustitución de menos del 10% de las ausencias, y en que lo preocupante no es ya el tan manido “no hay dineros”, sino que lo preocupante es la realidad del “no hay médicos”.

A lo largo de estos últimos años, el SIMPA ha venido denunciando el maltrato a los profesionales, y en particular a aquel desprecio sobre el personal eventual, que ha conducido al éxodo de médicos hacia otras regiones más afectuosas hacia sus condiciones laborales. El resultado es el que hay actualmente: no hay capacidad de respuesta para

satisfacer las demandas asistenciales de la población asturiana. La previsión de la necesidad de una política incentivadora fue vista por este sindicato desde hace tiempo, consciente de la realidad etaria de la plantilla que condicionaría una salida masiva de efectivos en un periodo corto de tiempo. A pesar de estas llamadas de atención, las mentes pensantes de la Administración Sanitaria, parieron un Plan de Recursos Humanos que acortó de un plumazo en 5 años la crisis de personal prevista para el 2020-2025, pasándola al 2015-2020. Las previsiones en esta Legislatura son de 400 jubilaciones en el periodo 2015-2018 (150 de ellas en Atención Primaria), y de otras 800 para la siguiente Legislatura 2018-2021 (250 en Primaria). El desconocimiento de la realidad en estos últimos años, ha hecho que la crisis sanitaria que padece nuestra región tenga una difícil solución, la cual pasa primordialmente por una masiva provisión de plazas que aseguren el recambio generacional.

Aquellos tiempos de abundancias y excesos de profesionales, generaron las costumbres del desprecio al profesional. Ahora las tornas han cambiado, y a nuevos tiempos son necesarias nuevas costumbres.

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